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Para la ReflexiónLa misión universal En el libro de los Hechos se narra cómo la Iglesia de Antioquia designa durante una liturgia los primeros misioneros, Pablo y Bernabé. Los miembros de esa Iglesia advierten que el Espíritu Santo les ha elegido, les imponen las manos y los despiden. Fue el comienzo de la misión. Partiendo de esa comunidad de origen en Antioquía, Pablo y Bernabé comenzarán a anunciar la palabra de Dios (cfr. Hch 13,1-5). La misión
universal Es la fuerza del Espíritu Santo la que impulsa a cada Iglesia a superar los límites de su propio territorio y la empuja hacia la misión universal. El don del Espíritu hace superar los particularismos y las cerrazones, abriendo su conciencia misionera al horizonte del mundo entero. En nuestra propia Iglesia Diocesana son muchos los hombres y mujeres que, a lo largo de los siglos, han sido enviados como evangelizadores a distintos lugares del mundo. Y son numerosos los que han partido y, en estos momentos, se encuentran en esas tierras de misión proclamando la Buena Noticia. Ellos son signo de la vitalidad de nuestra Iglesia y de la acción del Espíritu Santo en ella. En efecto, si nuestra comunidad cristiana se limitara al anuncio de Jesucristo sólo en su territorio, sería un síntoma de asfixia y de falta de esperanza. Cuando una Iglesia local se abre a horizontes universales y siente en sí la llamada de la misión universal, es renovada y rejuvenecida. «Toda Iglesia particular debe abrirse generosamente a las necesidades de los demás. La colaboración entre las Iglesias, por medio de una reciprocidad real que las prepare a dar y a recibir, es también fuente de enriquecimiento para todos» (Enc. Redemptoris Missio, 64). Los misioneros y misioneras que partieron desde nuestra Diócesis
a la misión universal son signo de la implicación
de nuestra Iglesia en la misión. Ellos han puesto toda
su vida al servicio de la evangelización. Engendrados por
nuestra Iglesia Muchos de ellos pertenecen a Congregaciones religiosas o
Institutos Misioneros, en los que han desarrollado esa especial
vocación. Otros son sacerdotes de nuestra Diócesis
que han marchado para colaborar con otras Iglesias particulares
que los necesitaban. Algunos se encuentran en las Diócesis
de Chimbote y Carabayllo en Perú, con quienes nos unen
lazos especiales. Otros ejercen su ministerio a través
del Instituto Español de Misiones Extranjeras. Finalmente,
también hay laicos y laicas que ejercen su servicio
como misioneros y misioneras seglares, en contacto estrecho
con nuestra Iglesia Diocesana. El apoyo de la
Iglesia-madre La Iglesia primitiva entendía y vivía la misión como un tarea de toda la comunidad, aunque en su seno hubiera enviados especiales como Pablo y Bernabé. Por eso, cuando regresaron de su primera misión, reunieron a la Iglesia de Antioquía, su Iglesia-madre, «y se pusieron a contar todo cuanto Dios había hecho juntamente con ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe» (Hch 14,27). Es de justicia que recordemos y apoyemos a los misioneros
y, particularmente, a aquellos que surgieron de entre nosotros.
La Iglesia Diocesana,
sujeto de la misión Por ello, el espíritu misionero debe estar presente en cada acción de nuestra Iglesia, en cada proyecto pastoral, en la vida de cada comunidad parroquial o educativa. La animación misionera tiene que ser «elemento primordial de la pastoral ordinaria» (Enc. Redemptoris Missio, 83). La participación en la misión universal es
signo de la madurez en la fe y en la vida de una Iglesia particular.
La apertura misionera «renueva la Iglesia, refuerza
la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas
motivaciones» (Enc. Redemptoris Missio, 2). Una jornada anual : 10 Abril de 2005
• Lo hacemos con nuestra oración por ellos,
que es el principal medio de comunión entre nosotros.
San Pablo pide frecuentemente en sus cartas que recen por
él, para que pueda anunciar el Evangelio con confianza
y franqueza. Al recordar a sus misioneros y misioneras, nuestra comunidad diocesana se sabe y reconoce como Iglesia-madre, llamada a apoyar, promover y sostener la labor que hijos e hijas suyos realizan en lugares lejanos. Para trabajar
en grupo «Cooperar con las misiones quiere decir no sólo dar, sino también saber recibir: todas las Iglesias particulares, jóvenes o antiguas, están llamadas a dar y a recibir en favor de la misión universal y ninguna deberá encerrarse en sí misma: “En virtud de esta catolicidad —dice el Concilio—, cada una de las partes colabora con sus dones propios con las restantes partes y con toda la Iglesia, de tal modo que el todo y cada una de las partes aumenten a causa de todos los que mutuamente se comunican y tienden a la plenitud en la unidad […] De aquí se derivan […] entre las diversas partes de la Iglesia, unos vínculos de íntima comunión en lo que respecta a riquezas espirituales, obreros apostólicos y ayudas temporales” (LG, 13). Exhorto a todas las Iglesias, a los Pastores, sacerdotes, religiosos y fieles a abrirse a la universalidad de la Iglesia, evitando cualquier forma de particularismo, exclusivismo o sentimiento de autosuficiencia. Las Iglesias locales, aunque arraigadas en su pueblo y en su cultura, sin embargo deben mantener concretamente este sentido universal de la fe, es decir, dando y recibiendo de las otras Iglesias dones espirituales, experiencias pastorales del primer anuncio y de evangelización, personal apostólico y medios materiales. En efecto, la tendencia a cerrarse puede ser fuerte: las Iglesias antiguas, comprometidas en la nueva evangelización, piensan que la misión han de realizarla en su propia casa, y corren el riesgo de frenar el impulso hacia el mundo no cristiano, concediendo no de buena gana las vocaciones a los Institutos misioneros, a las Congregaciones religiosas y a las demás Iglesias. Sin embargo, es dando generosamente de lo nuestro como recibiremos; y ya hoy las Iglesias jóvenes —no pocas de las cuales experimentan un prodigioso florecimiento de vocaciones— son capaces de enviar sacerdotes, religiosos y religiosas a las antiguas» (n. 85). 3. En nuestra comunidad concreta, ¿cómo
se manifiesta el compromiso con la misión universal?, ¿qué
podemos hacer para que se incremente? |