Apuesta por la noviolencia activa para construir una paz “desarmada y desarmante”

En el fin de semana del 6 al 8 de marzo, en el colegio salesiano de El Campello,  se han celebrado las Jornadas Nacionales de Justicia y Paz, con la presencia de nuestro obispo, D. José Ignacio Munilla, y el obispo auxiliar de Barcelona D. Javier Vilanova, como obispo de la Conferencia Episcopal Española acompañante de Justica y Paz. Este encuentro ha reunido a representantes de varias comisiones diocesanas de Justicia y Paz españolas, junto a expertos y expertas, activistas y artistas comprometidos con la justicia social y la paz para reflexionar sobre el lema “Derechos humanos, paz y noviolencia”, en un contexto internacional especialmente preocupante.

Tras tres días de reflexión y diálogo sobre el presente y el futuro de la paz, estas jornadas organizadas conjuntamente entre el Secretariado Diocesano de Justicia y Paz de Orihuela-Alicante y la Comisión General Justicia y Paz de España, concluyen con un compromiso en favor de la noviolencia activa del Evangelio como camino para la construcción de una paz justa y duradera, desarmada y desarmante (Papa León XIV).

Vivimos un momento marcado:

  • por el incremento de los conflictos armados, el auge del gasto militar (según datos del SIPRI-Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo, recogidos en el Mensaje del papa León XIV de la Jornada Mundial de la Paz 2026, en 2024  los gastos militares a nivel mundial aumentaron un 9,4% respecto al año anterior, confirmando la tendencia ininterrumpida desde hace diez años y alcanzando la cifra de 2.718 billones de dólares, es decir, el 2,5% del PIB mundial),

  • y la erosión de los derechos fundamentales en diversas regiones del mundo y la debilitación de las estructuras multilaterales y del derecho internacional de los derechos humanos.

Esta tendencia refleja una creciente militarización de las relaciones internacionales que alimenta una lógica de confrontación y miedo.

El genocidio en Gaza, las guerras abiertas en Ucrania e Irán, los conflictos persistentes en Somalia o Sudán, la situación en Myanmar y muchas otras realidades de violencia estructural de injusticia, muestran un ecosistema global de guerra que se introduce en la vida cotidiana de las personas, las familias y las sociedades con violencias económicas, sociales, culturales y ecológicas que afectan especialmente a las poblaciones más vulnerables.

Uno de los mensajes centrales que han emergido de estas jornadas es que la historia no está predeterminada ni condenada a repetir ciclos de violencia. Las decisiones humanas, personales y colectivas pueden abrir caminos distintos. En ese horizonte, la esperanza se revela como una fuerza histórica capaz de movilizar conciencias, transformar estructuras y sostener procesos de cambio social. 

Frente a la lógica de la polarización, el armamentismo y la violencia, las jornadas han reafirmado que la noviolencia activa debe ser la respuesta de las comunidades cristianas ante los conflictos y las injusticias del mundo.

Esta respuesta, lejos de ser una actitud pasiva o resignada, constituye una forma activa, creativa e integral de afrontar los conflictos. La noviolencia activa implica resistir al mal sin reproducir su lógica, defender la dignidad humana sin destruir al adversario y transformar las estructuras injustas mediante la verdad, la justicia, la solidaridad y el amor. 

En este sentido, las jornadas han querido ser un espacio de discernimiento, formación y esperanza donde analizar críticamente la realidad y buscar respuestas desde la fe y el compromiso con la construcción de una paz justa y han contado con la participación de representantes del Instituto Católico por la Noviolencia de Pax Christi Internacional, el Centre Delàs de Estudios por la Paz, el Instituto Regional para el Estudio y Práctica de la Acción Noviolenta Estratégica en las Américas, NOVACT y el Grupo de Noviolencia Cristiana de Cristianisme i Justícia. 

Igualmente, se han compartido experiencias de transformación social procedentes de distintos contextos y testimonios concretos de noviolencia activa, como los de la comunidad de El Arca, el grupo antimilitarista Tortuga, el movimiento de objeción de conciencia o el Colectivo Noviolencia. Estas experiencias muestran que la noviolencia activa puede encarnarse en prácticas cotidianas de resistencia, reconciliación, acción y denuncia profética.

Las jornadas también han abordado dimensiones espirituales, teológicas, éticas y estratégicas de la noviolencia, reflexionando sobre herramientas como la defensa y la desobediencia civil noviolenta, la objeción fiscal al gasto militar, la resistencia civil, la acción directa noviolenta, la mediación, el diálogo o la diplomacia desde una perspectiva integral al servicio de la dignidad de las personas y la justicia. Todas ellas forman parte de un conjunto de prácticas que permiten afrontar los conflictos sin recurrir a la violencia y la guerra que han demostrado históricamente mayor eficacia que éstas en numerosos procesos de transformación social.

Desde la inspiración del Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia las personas participantes en las jornadas han reafirmado que la paz no puede construirse desde la lógica del miedo y la mentira sino desde una “paz desarmada y desarmante” que clama justicia, verdad, y la abolición de la guerra como instrumento para resolver los conflictos.

En este camino, la Iglesia debe desempeñar un papel significativo. Más allá de las declaraciones, la comunidad eclesial posee una amplia red de comunidades, instituciones y espacios de encuentro que pueden convertirse en espacios de paz comprometidas con la noviolencia activa. La Iglesia tiene la responsabilidad de contribuir a organizar la esperanza, de articular procesos de mediación, educativos, comunitarios y sociales que fortalezcan una cultura de noviolencia activa y de defensa de los derechos humanos.

Por ello, las jornadas han concluido con un llamamiento a promover la noviolencia activa como camino de transformación personal, cultural, social y política, a fortalecer la defensa de los derechos humanos frente a toda forma de violencia, exclusión o injusticia, a impulsar una cultura de paz que ponga en el centro la dignidad de cada persona y el cuidado de la casa común y a tejer redes entre comunidades cristianas, movimientos sociales y organizaciones comprometidas con la práctica de la noviolencia activa.

Secretariado Diocesano de Justicia y Paz de Orihuela-Alicante y Comisión General Justicia y Paz de España