Corría el año 1976. El año anterior, Pablo VI había planteado en la Evangelii Nuntiandi un desafío al que un sacerdote diocesano, D. José Galiana Guerrero, ayudado de un grupo de seglares, intentaron responder, con la ayuda del Señor, como otros muchos hicieron en la Iglesia. Esto era lo que decía el Papa:

(…) las condiciones actuales hacen cada día más urgente la enseñanza catequética bajo la modalidad de un catecumenado para un gran número de jóvenes y adultos que, tocados por la gracia, descubren poco a poco la figura de Cristo y sienten la necesidad de entregarse a Él.”(E.N. 44)

Pues bien, así empezamos y en eso seguimos empeñados en estos momentos...

En el marco de celebración, memoria y agradecimiento por esos 50 años transcurridos, los grupos del Neocatecumenado Parroquial peregrinamos al Santuario de NUESTRA SEÑORA DE LAS VIRTUDES de Villena el pasado 1 de mayo.

Fue la oportunidad para renovar el amor y devoción a María, nuestra Madre, difundir la devoción mariana y pedir su ayuda en la evangelización.

Tras saludar a la Virgen, hicimos una ofrenda: alimentos y donativos para los pobres “sin techo”, que destinamos a ACOMAR, organización que fundaron Salvador y Mercedes en 1990, cuando estaban en la comunidad del Neocatecumenado Parroquial, en la Inmaculada de Alicante.

Al terminar la oración de Laudes, disfrutamos de una presentación en la que se hizo un recorrido por los 50 años del Neocatecumenado Parroquial.

Seguidamente, tuvimos la alegría de escuchar y compartir algunos testimonios de hermanos que forman parte del Neocatecumenado Parroquial, y de otros que, tras recorrer el camino catecumenal, descubrieron su vocación en la Iglesia, bien como religiosa de clausura o bien en la vida activa entregados a los más pobres.

Celebramos la Eucaristía, presidida por nuestro Obispo D. José Ignacio, que valoró el ambiente de fraternidad y nos invitó a hacer nuestro trabajo cotidiano con amor y como un servicio al Señor. También nos felicitó por esos 50 años del Neocatecumenado Parroquial y nos animó a seguir con fidelidad, manteniendo el espíritu de unidad y alegría, y a testimoniar la fe allí donde estamos.

Después de una fraternal comida; gozamos con una fiesta participada. Nos despedimos de la Virgen rezando el santo rosario. ¡Hasta el año que viene, si Dios quiere!