Desde el corazón de los Pirineos, en el santuario de Lourdes, los seminaristas de la diócesis de Orihuela-Alicante hemos tenido el inmenso privilegio de participar activamente en la 65ª peregrinación diocesana. Ha sido una experiencia profundamente espiritual que ha marcado nuestras vocaciones y nuestro modo de entender la Iglesia.

Nuestro principal encargo fue acompañar a jóvenes y enfermos a todas las actividades. Madrugábamos para estar listos, colaborando en el traslado desde el Accueil hasta los puntos de encuentro. Tiramos de los carros azules, llevamos sillas de ruedas y camillas, facilitando su presencia en la Gruta, las procesiones y el Via crucis. Ver su fe inquebrantable nos enseñó que el sacerdocio se construye en la caridad humilde.

El miércoles, participamos en la Misa Internacional en la Basílica de San Pío X, junto a obispos, sacerdotes y seminaristas de varias diócesis del mundo, experimentando la universalidad de la Iglesia. El momento litúrgico más intenso fue la Misa de Unción de los Enfermos, donde la imposición óleo y la fortaleza de quienes sufren nos recordó nuestra futura misión como instrumentos del consuelo de Dios. La procesión del Santísimo y la de antorchas nos reunieron a todos, siendo signos visibles de la Iglesia peregrina.

Compartir las comidas todos los seminaristas juntos fue un pilar fundamental. Esos ratos de conversación, oración y fraternidad fortalecían nuestra unidad y nos permitían reflexionar sobre lo vivido, creciendo como comunidad de discípulos.

Cada tarde, acudíamos a la Gruta para rezar a la Virgen, encomendándole nuestras dudas y anhelos, pidiéndole un corazón dócil y entregado. Volvemos transformados, sabiendo que el Señor nos llama a ser pastores con olor a oveja. Nuestra Señora de Lourdes, ruega por nosotros. Santa Bernardita, ruega por nosotros.